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EHU despide a la primera edición de estudiantes de Boise State University

La EHU despide a los nueve estudiantes de Boise State University que han participado en la primera edición del International Training Programme of the TransOceanic Campus, una experiencia que ha reforzado los vínculos académicos, científicos y humanos entre ambas universidades.

 

Hace apenas dos meses llegaban a Euskadi con la curiosidad propia de quien comienza una aventura académica al otro lado del Atlántico. Ahora regresan a Boise con mucho más que una estancia universitaria completada: vuelven con nuevas amistades, nuevas formas de entender la investigación, una mirada más amplia sobre el multilingüismo y una red de colaboración que seguirá creciendo en el futuro.

El Palacio Miramar de Donostia acogió el acto de despedida de la primera promoción del International Training Programme of the TransOceanic Campus, un encuentro que reunió al alumnado de Boise State University, al profesorado mentor de la EHU y tejido tecnológico de Euskadi así como a representantes institucionales de ambas universidades para hacer balance de una experiencia pionera que aspira a consolidarse en los próximos años.

La jornada comenzó con las intervenciones institucionales de Gotzone Barandika, vicerrectora de Transferencia e Internacionalización; Koldo Callado, director de Desarrollo Científico y Social; Todd Otanicar, profesor de Boise State University, e Iñaki Goirizelaia, exrector de la EHU e impulsor del Campus Transoceánico, quienes coincidieron en destacar el valor estratégico de esta colaboración para estrechar la cooperación entre Euskadi e Idaho y seguir generando oportunidades de formación, investigación y movilidad internacional.

Sin embargo, el verdadero protagonismo correspondió a quienes han dado sentido al programa: los nueve estudiantes estadounidenses y sus mentores.

Durante el acto compartieron públicamente sus testimonios, respondiendo a preguntas sobre su experiencia académica, los retos afrontados durante la estancia y el impacto personal que ha supuesto vivir durante dos meses en Euskadi. Más allá de los proyectos de investigación desarrollados en diferentes facultades y centros de la EHU, las intervenciones pusieron de manifiesto el valor de la convivencia diaria con los grupos de investigación, el descubrimiento de nuevas metodologías docentes y la inmersión en una realidad cultural y lingüística diferente. Como destacó la estudiante Miranda L. Nelson, "en Euskadi se habla rápido y se vive más despacio que en América".

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Las conversaciones mantenidas entre estudiantes y mentores dejaron una idea común: el aprendizaje ha sido mutuo. El alumnado destacó la cercanía con los equipos de investigación, la posibilidad de participar desde el primer día en proyectos reales y el descubrimiento de una universidad profundamente conectada con su entorno. Por su parte, el profesorado mentor subrayó que la presencia de los estudiantes también ha enriquecido la dinámica de sus grupos y ha abierto nuevas posibilidades de colaboración científica.

Los nueve proyectos desarrollados durante la estancia abarcaron ámbitos tan diversos como la ingeniería biomédica, la restauración fluvial, la educación, la cultura y la diáspora vasca, la ingeniería mecánica, los biomateriales o la impresión 3D aplicada a la salud, reflejando el carácter multidisciplinar del programa.

Uno de los aspectos más destacados de la experiencia fue también el descubrimiento del contexto multilingüe vasco. El contacto cotidiano con el euskera, junto al castellano y el inglés, llevó a muchos participantes a reflexionar sobre el papel de las lenguas como herramienta de comunicación, pero también como elemento de identidad y de conexión con la comunidad.

El rector de la EHU, Joxerramon Bengoetxea, cerró la sesión institucional reafirmando el compromiso de la Universidad con el desarrollo del Campus Transoceánico y con la continuidad de una iniciativa que pretende consolidar nuevas oportunidades de colaboración entre ambas universidades.

Como broche final, el grupo KIMU Txalaparta ofreció una actuación que permitió al alumnado estadounidense descubrir uno de los sonidos más representativos de la cultura vasca. Antes del concierto se recordó el significado simbólico de este instrumento tradicional: dos personas que crean un mismo ritmo escuchándose mutuamente, respondiéndose y dejando espacio a la otra. Una metáfora que resume perfectamente el espíritu del Campus Transoceánico.

La jornada concluyó con una fotografía de familia y un encuentro informal en la terraza del Palacio Miramar. Más que un acto de despedida, fue la celebración de una comunidad académica que, tras esta primera edición, ha comenzado a construir nuevos puentes entre Euskadi e Idaho.

Durante las próximas semanas, se publicarán una serie de cápsulas audiovisuales protagonizadas por el alumnado y el profesorado mentor. A través de estos testimonios, la comunidad universitaria podrá conocer de primera mano cómo se ha vivido esta primera edición del Campus Transoceánico y descubrir el impacto académico, personal y humano que ha tenido esta experiencia en quienes la han hecho posible.

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